dilluns, 22 de març de 2010

Lectura en l'època digital

Tret del bloc del sociòleg Joaquín Rodríguez. Els destacats són meus...

“Después del almuerzo”, cuenta Marcel Proust en Sobre la lectura, “volvía a retomar mi lectura inmediatamente; sobre todo si el día era demasiado caluroso, subíamos “a retirarnos a la habitación”, lo que me permitía, por la pequeña escalera de peldaños simétricos, alcanzar rápidamente la mía, en el único piso tan bajo que desde la ventana abierta bastaba con un pequeño salto para encontrarse en la calle”. Proust concebía aquel espacio sagrado de la lectura vespertina como un santuario: “Aquellas enormes cortinas blancas que ocultaban a las miradas la cama, escondida como en el interior de un santuario; el revoltijo formado por el edredón de muselina, el cubrecama de flores, la colcha bordada, las fundas de almohada de batista…”.

La lectura que Proust practicaba y a la que su escritura invitaba (y sigue invitando), es a aquella que podríamos denominar “lectura profunda”, aquel tipo de lectura que caracteriza más apropiadamente nuestro intelecto: el razonamiento inductivo y deductivo, ciertas competencias analógicas, el análisis crítico, la reflexión, la penetración y la agudeza intelectual. El libro, el texto encuadernado entre dos cubiertas, es un tipo de tecnología que ordena el significado linealmente confiriéndole estabilidad, un tipo de tecnología que demanda la atención y la concentración del lector en un acto de íntima entrega dedicado a descifrar las capas acumuladas de sentidos y significados.

Con los textos digitales, con la lectura digital, el potencial de creatividad, aprendizaje y descubrimiento que podría propiciar una lectura y una comprensión profunda de las cosas, es inmenso, pero a menudo esa potencialidad se desperdicia o, simplemente, se cae en ciertas añagazas y trampas inherentes a la cultura digital: el énfasis desmedido en la inmediatez, en la sobrecarga y sobreabundancia indiscriminada de la información, en un tipo de cognición condicionada o intermediada solamente por medios digitales que implica o promueve la velocidad desalentando la reflexión y la deliberación propia de la lectura profunda.

Ambas cosas son ciertas: la lectura profunda sigue siendo necesaria para el desarrollo de nuestras más altas capacidades coginitivas y no se ha encontrado por ahora otra tecnología, o no se ha contrastado suficientemente, que la sustituya por completo. Maryanne Wolf, en “The importance of deep reading“, dice: “hasta que no encontremos pruebas suficientes, creemos que nada puede reemplazar la contribución única de la cultura impresa al desarrollo de toda la panoplia de los procesos lentos, constructivos y cognitivos que invitan a nuestros niños a crear sus propios mundos, aquello que Proust llamaba su santuario”. Pero es igualmente innegable, que las capacidades de los textos y los entornos digitales son innumerables, y que nuestros hijos no dejarán de utilizarlas porque nos empeñemos en que lo hagan. Pero entonces, ¿cómo reproducir la experiencia de la lectura profunda en los medios digitales? Esa es la cuestión, seguramente, más álgida que podamos plantearnos ahora mismo, porque, en el fondo, de lo que se trata no es de un cambio de formatos o de soportes, sino de una transformación cognitiva de primer orden.

En lugar de practicar una traslación automática de uno a otro soporte, ¿por qué no generar entornos de lectura que permitan a los lectores incipientes controlar o monitorizar su progresión, su comprensión, su capacidad de extraer el significado pleno de la lectura que practican, mediante herramientas que le prestan un apoyo contextual, como ya realizan proyectos como el de UDL Editions? La lectura no es algo sencillo, algo que se aprenda de una vez para siempre sin soporte o sin ayuda: “los grandes lectores”, se dice en la página de la editorial, “usan habilidades estratégicas para perseguir y encontrar el significado de un texto. Usar esas estrategias aquí”, dicen los editores invitando a los jóvenes lectores, “te ayudará a entender y disfrutar de la lectura. Cuanto más practiques utilizando esas estrategias durante la lectura, más provechosa será tu experiencia”. Mediante un conjunto de marcadores, etiquetas y herramientas, los editores digitales ayudan a los lectores incipientes a predecir, preguntar, visualizar o resumir el contenido de lo que leen.

Quizás esa sea la vía de la confluencia, el aprovechar lo mejor de los dos mundos.

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