dijous, 5 de gener de 2012

Educació: forever!

En resposta a http://www.xarxatic.com/cansado-de-que-me-tomen-el-pelo-un-docente-que-se-planta/comment-page-1/#comment-21774

Cansada de sentir i llegir tantes amenaces de dimissió de les nostres responsabilitats com  a docents com a única manera de reaccionar davant les reduccions de sou, que no de les ja fa temps penoses condicions en què s'ha de treballar a l'educació pública, començant per les que vulneren el mateix dret a l'educació de tothom i que té, com a previ, el dret a la igualtat i la dignitat.

Cansada, dic, he gosat resumir la meva opinió en un comentari. Al menys allà comenten, però.

Me gustaría plantarme, sí, y pienso como hacerlo. No va a ser suspendiendo las extraescolares, porque los alumnos aprenden de otra manera y se demuestra que el aula no lo contiene todo (afortunadamente). No pienso plantarme dejando de formarme ni de intentar mejorar (le dicen, con pedantería, innovar) porque mi deber profesional y moral es formar a mis alumnos lo mejor que pueda y para ello he de buscar, aprender. No pienso plantarme poniendo notas que no deben tener y convirtiendo la ignorancia provocada por mi irritación en parte del fracaso social al que apunta la educación que tenemos. Me plantaría con gusto en las reuniones y en los claustros, pero ya no existe la democracia ni nada que se le parezca en estos y debemos asistir y responder, aunque sea con el silencio, a lo que nos proponen los gestores de turno, que no son otra cosa la mayoría de los equipos directivos (y he formado parte de uno…). Me plantaría en la calle con gusto a protestar codo con codo con mis alumnos por el precio de las matrículas, que va a dejar a algunos de los mejores de ellos fuera de la Universidad por falta de recursos de las familias y por la penosa política de becas. Me plantaría porque tengan las oportunidades que yo tuve, no más, pero tampoco menos. Y no pienso quejarme de mi sueldo ni de mis condiciones laborales, porque me parecen un lujo entre los colectivos de la clase trabajadora de la que formo parte. Si alguien se pensó que ser funcionario era tener un cheque en blanco para vivir de hacer casi nada, me parece la mar de bien que le expulsen, pero no que nos hagan pagar a todos la mala fama que nos han dado algunos, no pocos, al resto. Me importa poco ser funcionaria, siempre lo dije. Sólo quería tener un trabajo estable para no padecer por mis ingresos cada mes o cada cuando fuera y me siento recompensada por mis esfuerzos al haberlo conseguido. No es ningún chollo estudiar una carrera y aprobar unas oposiciones; no lo es trabajar como docente en un centro público de sencudaria actualmente. Pero es lo que quería llegar a hacer y estoy satisfecha de haberlo conseguido. Si me bajan el sueldo y nos lo bajan a todos, estoy de acuerdo con apretarme el cinturón. Pero es que lo del cinturón es un bulo, porque los políticos siguen cobrando lo que ellos deciden, los bancos y las grandes empresas a sus negocios, paraísos fiscales y demás chanchullos financieros, y los reyes a cuerpo de ídem. No deberíamos estar divididos porque todos somos asalariados que no tenemos más que nuestro trabajo para sobrevivir. Y si los docentes no trabajamos dando clases tres semanas del mes de julio, responde a características de nuestro trabajo y no a que estemos privilegiados. No hay ningún privilegio en dar los periodos de descanso que las diferentes profesiones exigen. Ya sé que no somos pilotos de avión, pero lo nuestro es, cuando se intenta hacer bien, muy exigente y realmente difícil. No hay más que ver la cantidad de malos profesores que hay y la de años que lleva aprender a ser un buen docente, cosa en la que no se deja jamás de tener que mejorar. Me planto con tanta división, señores y señoras, y apelo a la comprensión que debiera presidir nuestros intercambios para que unidos podamos oponernos a lo que verdaderamente nos están haciendo a todos y a todas, docentes y no docentes. Me planto para hacerle la guerra a los que quieren que todo cambie para que todo siga igual. Y en esta guerra tengo más en común con mis alumnos y sus familias que con algunos docentes que pretenden que dimitir de ser profesional puede ser una buena forma de protestar, cuando la miseria, la de verdad, sigue siendo la de los otros.

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