dijous, 13 de maig de 2010

Perquè acceptar el programa 1x1 de bon grat, malgrat tot...

Reflexions d'un company de filosofia adreçades al claustre del seu centre. Les faig meves tal qual i amb el seu permís, tot i haver-me abstingut en la votació. Des d'aquest blog tan humil en tots els sentits -sempre en comparació amb d'altres amb més prestacions, més interessants i més originals-; des d'aquest blog ambiciós, d'altra banda... m'adreço a tothom que vulgui llegir-lo o que es trobi, ara per ara, passant part de la seva vida vinculat a l'IES Les Termes.

Me alegro de que haya salido que sí en la votación del programa 1x1. Me alegro mucho, porque me llevé una sorpresa en el claustro. Pensaba que el uso de la informática estaba mayoritariamente asumido por el claustro del Príncep de Viana. Tendré que ir más al bar. Como allí se dijo que había que hablar de pedagogía, como me quedé con ganas de decir alguna cosa al respecto, como no lo hice por respeto al cansancio de los compañeros y como de todas maneras ha salido por los pelos, lo diré aquí para quien quiera leerlo. Porque ciertamente me parece que el IES se juega mucho en la actitud respecto a las nuevas tecnologías.
La aparición de la imprenta no se limitó a cambiar un formato por otro: cambió muchas cosas, incluida la forma de leer. Los poemas de Homero se recitaban en voz alta; los diálogos platónicos se leían en voz alta, como las lecturas medievales: de allí viene la palabra “lección”, es decir, lo que vamos a leer en una sesión. El libro impreso lo abarató, hizo posible que todo el mundo tuviera un libro en casa e hizo de la lectura un acontecimiento privado. Mucha más gente tuvo interés en aprender a leer. No es casualidad que la rebelión de Lutero contra la autoridad se hiciera al mismo tiempo: cuando Lutero prescinde del latín y traduce la Biblia al alemán, está proclamando la libertad de cada uno para relacionarse con Dios. ¡Casi nada!
Sin embargo en el sistema de enseñanza, especialmente en los países de adición católica, el sistema de enseñanza siguió sujeto a la autoridad del profesor: yo tengo el saber y te lo transmito como una herencia cerrada. Incluso cuando digo que eres libre de opinar, te pido que opines mirándome a mí, contrastando tu palabra con mi mirada. El objeto en el que se coagula esta tradición es el libro de texto, el manual, los apuntes, cultura de segunda mano que dice qué hay que saber, cómo, en qué orden y qué va a examen. El profesor es incluso el modelo de cómo hay que ser. Todos hemos sufrido ese modelo de enseñanza y aunque nos rebelamos, lo seguimos teniendo bien adentro. Aunque creemos que hemos cambiado porque decimos otras palabras, nos seguimos soñando como los sacerdotes de la verdad, porque las palabras no hacen las cosas.
Pues bien, las nuevas tecnologías cambian eso y abren unas relaciones nuevas, con nuestros alumnos y de todos nosotros con el conocimiento. ¡Por supuesto que una pantalla por sí misma no hace nada! Si las palabras no hacen las cosas, tampoco los soportes hacen el saber, así que sustituir un libro en papel por el mismo libro en la pantalla, ciertamente no cambia nada, aunque sea “cool”. Pero las posibilidades que abre la pantalla e internet sí que cambian las cosas, porque ya no soy el sacerdote del saber cerrado, el que debe ser mirado (o admirado) y escuchado, sino el que acompaña y enseña a mirar y a escuchar.
No se trata de sustituir las pizarras por cachivaches, para seguir haciendo lo mismo y encima depender de la técnica. Lo que cambia es otra cosa, es la mirada y la manera de elaborar el conocimiento, cambia nuestra función. Y a mí me parece que para mejor, aunque nos cueste entenderlo, porque bastantes de nosotros venimos de otro mundo y estemos hasta el gorro de cambios y adaptaciones y porque sólo el tiempo dirá exactamente qué en concreto significa ese cambio.
La aplicación de todo esto se hace en una realidad compleja, contradictoria y llena de limitaciones, como nosotros mismos. Están los intereses comerciales, los modos de la administración, el snobismo, la edad que vamos cumpliendo, lo cansados que nos coge. También el descontrol con que se están desarrollando las nuevas tecnologías, el lío del Word y el Open Office, las limitaciones de medios. Como la vida misma; bueno, la vida misma. Como yo mismo, que soy un desastre. El programa 1x1 no resolverá nada de eso, mejorará algunas cosas y abrirá nuevos problemas. Pero no nos podemos quedar al margen, porque incluso aunque la experiencia sea más un fracaso que un éxito, de allí saldrán nuevas propuestas. Pues ¿cómo avanza el saber, sino por el fracaso de lo que se creía?

Una abraçada i que normalització lingüística em perdoni el castellà: hi ha coses que les penso i les dic molt millor en la meva llengua.

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